No obstante, los habitantes de Sevilla no podemos descansar tranquilos en el camino del progreso, pues nuestros gobernantes siempre encuentran motivos sobrados para frenar el avance de nuestra amada ciudad, cuya belleza sin igual, historia, costumbres y grandezas varias, le impiden al parecer asemejarse al común de las otras ciudades del mundo, tan vulgares ellas, y la reducen al capítulo de ciudad-museo o parque temático costumbrista, donde los cambios no tienen cabida.
Una vez superada la paralización de 34 años de los proyectos para la Plaza de la Encarnación, inaugurada la Linea 1 del Metro con 27 años de retraso, y alejado el fantasma de la Unesco y su lista del Patrimonio Mundial a vueltas con la construcción de la Torre Pelli, sirva de ejemplo la tenacidad de nuestro Alcalde para impedir la concesión de licencia para la edificación del nuevo Caixa Forum previsto en las Reales Atarazanas, cuya grandiosa y milenaria historia, si bien exige del Ayuntamiento el mayor celo posible en el control de las obras a realizar para su adecuación como centro cultural de primer orden, no ha impedido su abandono absoluto durante decenios, hasta llegar a la situación actual, producto de la más absoluta desidia.
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