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sábado, 3 de marzo de 2012


     Que en la vida  "todo es verdad y todo es mentira", ya lo dijo Calderón de la Barca en su obra La Vida es Sueño, y que todo depende del color del cristal que coloquemos ante nuestros ojos, ya lo anticipó un autor tan célebre como William Shakespeare, esbozando una idea con la que podríamos remontarnos al propio Platón y su caverna poblada de sombras.

      En el caso de Sevilla y su Torre Pelli, la cuestión resulta pintoresca y contrasta con la ilusión que en otras ciudades ha supuesto para sus habitantes la construcción de un gran edificio de Arquitectura contemporánea.

    En la noticia de prensa adjunta, el autor habla del nuevo símbolo de su ciudad (Bilbao), de que colectivamente sus habitantes harán suya la nueva torre y además, considera que para ellos, será "la más bella" de las posibles. En contraste, en Sevilla ni un sólo medio de comunicación se atreve a discrepar de la supuesta "malignidad" de la Torre Pelli, en construcción en un extremo de la Isla de La Cartuja, o siquiera a cuestionar los argumentos de quienes defienden su paralización (cuando no su completa demolición) a cualquier precio, limitándose a publicar noticias con marcada tendencia y sin ningún contraste técnico independiente. Así, nadie se ha planteado cuestionar la intervención del llamado Icomos, ni a explicar a los ciudadanos qué es exactamente y quiénes lo integran, qué facultades ostenta la Unesco sobre las normas de planeamiento urbanístico de los Estados miembros, o incluso si la sanción económica recientemente impuesta por el Ministerio de Fomento (por afectar a la vía de aproximación del Aeropuerto de San Pablo),  resulta proporcionada con otros supuestos similares.


    Afortunadamente, la Historia nos enseña que las sociedades avanzan, a pesar de los obstáculos, y en nuestra gran ciudad tenemos un ejemplo reciente de asunción por la ciudadanía de un espacio arquitectónico inhabitual y hasta extravagante, emplazado en el corazón del Casco Antiguo: La Plaza de La Encarnación y su Metropol-Parasol de Jürgen Mayer, bautizado popularmente como "Las Setas", ha conseguido en un tiempo récord ser asumido por (casi) todos, como un gran foro ciudadano que destaca contra la fealdad de las construcciones adyacentes de los años '60 y '70, edificadas sin protesta alguna en el período del llamado "Desarrollismo".

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